El principio de dos tiempos
domingo, 11 de noviembre del 2007 a las 12:59
El Senado se reunió sin sombra alguna y de muy mala gaita, Dios en su omnipotencia opinaba que debían extinguir accidentalmente esa nueva especie, pero el Espíritu Santo con toda su Santidad, propuso algo diferente, convenció a Dios para que les dejara a su libre albedrío, sobrevivirían, sí, pero aquello garantizaría una tortura mayor para ellos mismos: su evolución; con esa naturaleza...la venganza sería eterna. El tiempo les dió la razón.
Los descendientes, habiendo descubierto que el signo de sus vidas estaba controlado por un destino funesto, decidieron no inquietar la sensibilidad de nadie y proscribieron los árboles genealógicos. En cuanto a los escudos de armas se ciñó el uso de ese tipo de imágenes a latas de cerveza y paquetes de productos congelados varios.
Mientras, Dios, el Espíritu Santo, más un nuevo asociado siguieron observando el devenir de aquella especie que no defraudaba las espectativas creadas. La diversión estaba asegurada, como les encantaba decir, por los tiempos de los tiempos.
En lo referente al Edén, hecho un verdadero páramo, se constituyó en símbolo del signo de los tiempos y el Sagrado Senado proclamó al inerte manzano mártir de las civilizaciones.
En cuanto a los primates, comprendieron instintivamente la situación, y viendo el panorama se quedaron en sus guetos naturales, dejaron el tema de la evolución y mantuvieron el cerebro en su sitio, evitando en todo lo posible el contacto con esa especie evolucionada y peligrosa y también evitando al temible Sagrado Senado, que contaba con un nuevo miembro aunque mantenía el mismo espíritu.




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