Reflexión antes de navidad
Las modernas sociedades de regímenes capitalistas nos arrollan con su continua actividad frenética. El tiempo de pausa para el descanso, la reflexión o sencillamente para la nada, está siendo cada vez más, substituido por la compulsividad hacia el consumo, y por el apremio hacia aficiones que realicen al ser humano y contrarresten la tediosa existencia.
En estas fechas preentrañables habitamos cíclicamente junto a los mismos temas de casi siempre, y a las mismas críticas de casi siempre, pero, en el fondo pensar en el camino que sigue la propia existencia, incluso en el signo de toda un tipo de sociedad es algo que parece no se someta a demasiados juicios, nuestro régimen social diluye ese tipo de cuestiones en su entramado de frenesí. No se trata promulgar la aniquilacíon del sistema, (aunque algún ajuste no le vendría mal), sólo de pensar en ello.
Parece que el ser debería volverse otra vez humano en muchísimos aspectos, como resulta evidente sólo escuchando y viendo los informativos, pero también tornarse humano interiormente, hacia su propia persona, hacia sus ideas, sus deseos, sus proyectos, hacia su tiempo... un tiempo existencial que nos deshumaniza progresivamente, pues lo entregamos en ocasiones sin meditarlo, inconscientemente sólo para conseguir que nuestra pieza funcione en el engranaje del sistema, sin pensar demasiadas veces que aquello no sería necesario, o pensándolo y no haciendo nada al respecto, metidos en un extraño bucle mental contrario a los propios intereses personales de vida.
El tiempo de pensar en lo inexorable no siempre resulta absurdo ni amargo, algunas veces sirve para algo, aunque sólo sea para pensar en ello.



